Derechos en Movimiento: El Desafío de Proteger a la niñez migrante en América Latina

por Josefina Vijil

En los últimos diez años, la movilidad humana en América Latina y el Caribe ha experimentado un aumento significativo, tanto en escala como en complejidad. Las cifras son alarmantes. Según el Banco Mundial (2023), en esta década la región alcanzaba los mayores flujos migratorios a nivel mundial. Entre 2010 y 2019, el número de inmigrantes en la región creció un 66%, mientras que el de emigrantes aumentó un 26%. En 2020, más de 40 millones de personas originarias de la región vivían fuera de sus países, lo que representaba el 15% de la población mundial de migrantes (Diálogo Interamericano, 2025). La migración forzada se ha intensificado por factores como desastres naturales, violencia, conflictos, políticas migratorias restrictivas de países receptores como Estados Unidos y crisis económicas regionales.

De acuerdo con el Diálogo Interamericano (2025), aproximadamente 16,4 millones de niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe requieren apoyo humanitario debido a desplazamientos internos, flujos migratorios, violencia y demandas derivadas de desastres naturales. Es motivo de alarma que uno de cada cuatro migrantes en la región sea un niño, niña o adolescente, es decir, la mayoría. Mientras la niñez y adolescencia constituyen menos del 15% de la población migrante global, en América Latina y el Caribe este grupo alcanza el 25% de las personas en movimiento (UNICEF, 2023). En 2021, el 26% de las personas refugiadas en las Américas eran menores de 18 años (Botero, 2022). Este dato resalta la urgencia de abordar la situación de los menores migrantes, un desafío crítico que requiere atención inmediata

La niñez Migrante: Vulnerables Ante la Adversidad

La niñez migrante en particular, enfrenta grandes riesgos y desafíos durante su tránsito. Según UNICEF (2023), la mayoría de la niñez en movimiento son menores de 11 años, representando siete de cada diez menores migrantes, lo que constituye el 91% de la niñez desplazada en puntos clave de las rutas migratorias como el Tapón del Darién, la frontera entre Venezuela y Colombia, y el norte de América Central y México. La migración infantil no es solo de gran magnitud sino también un factor de alta vulnerabilidad, especialmente en los primeros años de vida cuando los menores están más expuestos a la violencia, el abuso y la explotación.

Los desplazamientos de la niñez y adolescencia se derivan de factores interrelacionados. La pobreza extrema, la violencia generalizada, los desastres naturales y la inseguridad alimentaria son algunos de los principales motores de la migración en la región. Aunque muchos migrantes buscan mejores oportunidades laborales o la reunificación familiar, la inseguridad, discriminación y falta de acceso a servicios básicos como la educación y la salud también son factores determinantes.

Vulnerabilidad y Riesgos en el Tránsito

Para todas las poblaciones migrantes el proceso de movilidad conlleva diversos grados de vulnerabilidad. Para la población infantil y adolescente, sin embargo, la movilidad forzada es particularmente arriesgada. UNICEF (2023) señala que los menores en tránsito son víctimas frecuentes de abusos como la trata de personas, explotación laboral y sexual, y violencia discriminatoria. La doble vulnerabilidad de la niñez migrante, por la edad y la condición de migrantes irregulares, les convierte en un blanco fácil para grupos criminales y traficantes.

La situación se agrava cuando niñas y niños migrantes viajan sin la compañía de sus padres o cuidadores. Ser menor no acompañado aumenta significativamente los riesgos de abuso y explotación. Según UNICEF (2023), en muchas rutas migratorias clave, como el Darién, la mayoría de la niñez que transita sin acompañantes no cuenta con redes de protección, con lo cual la travesía transcurre en medio de graves peligros a sus derechos y bienestar.

Menores No Acompañados: Un Desafío Crítico en el Tránsito Migratorio

El grupo más vulnerable dentro de la niñez migrante en América Latina y el Caribe es el de menores no acompañados. Este grupo está en una situación de alta indefensión al viajar sin la protección de un adulto responsable. Según UNICEF (2023), la cantidad de niñez no acompañada ha ido en aumento, lo que indica la gravedad de la situación y una de las facetas más alarmantes del fenómeno migratorio en la región.

Impacto en los Sistemas Educativos y Políticas Públicas

El aumento de menores no acompañados es un desafío crítico para los sistemas educativos de los países receptores. Muchos llegan sin documentación, sin una red de apoyo familiar y con necesidades educativas y psicológicas urgentes. La falta de acceso a servicios de salud mental y la discriminación en las comunidades de acogida dificultan aún más su integración en el sistema educativo.

Los gobiernos requieren políticas públicas de protección y asistencia social que garanticen los derechos de estos menores, tanto en términos de educación como de atención psicosocial. Es necesario y urgente que se refuercen los mecanismos de acogida y protección, que se ayude a que el tránsito sea lo más seguro posible y que el acceso a la educación no se vea obstaculizado por la situación migratoria de niñas y niños.

Desafíos Educativos: Barreras para el Acceso y la Integración

Pese a los marcos jurídicos nacionales e internacionales que protegen el derecho a la educación de la niñez migrante, faltan oportunidades para el acceso a una educación inclusiva y de calidad de esta población. UNICEF (2023) señala que muchos niños y niñas en situación de movilidad no tienen las herramientas necesarias para integrarse en los sistemas educativos nacionales, lo que agrava su exclusión educativa.

Las barreras lingüísticas, la falta de documentación oficial y la discriminación son obstáculos constantes para la integración de la niñez migrante en los sistemas educativos formales. Aunque existen programas de educación no formal de organizaciones no gubernamentales (ONG), la coordinación con los sistemas educativos nacionales es insuficiente y limita la continuidad y la calidad de la educación.

Los Maestros Migrantes: Desafíos y Oportunidades para los Sistemas Educativos

El movimiento de maestros migrantes también experimenta tanto desafíos (reconocimiento de credenciales, condiciones laborales precarias en caso de tener trabajo) como oportunidades (conocimiento del contexto de niñez migrante, enriquecimiento cultural a los sistemas educativos, posibilidad de reforzar la enseñanza en los idiomas de la niñez migrante) para los sistemas educativos de tránsito y destino. Hay una población de educadores que, al igual que el estudiantado, se desplaza buscando mejores oportunidades o escapando de contextos difíciles. Este fenómeno presenta retos, pero también oportunidades de enriquecer la educación en los países receptores.

Conclusión: La Urgencia de una Respuesta Integral
La situación de la niñez migrante, especialmente de menores no acompañados y maestros migrantes requiere acciones urgentes y multidimensionales que ayuden a la inclusión educativa, protección y respeto en un marco de derechos humanos. Es crucial fortalecer los sistemas educativos para atender de manera adecuada las necesidades de esta población vulnerable. Para ello, sería necesario mejorar la infraestructura escolar, eliminar las barreras lingüísticas y ofrecer actualizaciones y reforzamiento a su formación que permita una integración efectiva y sin discriminación, sin importar su estatus migratorio, y desarrollar programas de apoyo psicosocial para mitigar el impacto emocional de la migración forzada.

Además, es necesario promover la capacitación de docentes sobre la diversidad cultural y las necesidades de la niñez migrante, con el fin de facilitar su integración en el sistema educativo. Por último, deberíamos trabajar en la creación de mecanismos de protección que prevengan la violencia, la xenofobia y la explotación, y garantizar el acceso a servicios esenciales como salud y vivienda. El compromiso de los Estados, la sociedad civil y la comunidad internacional es fundamental para asegurar que la niñez y educadores migrantes coincidan en procesos que faciliten integración a educación de calidad en condiciones dignas y de respeto a sus derechos durante el proceso migratorio.

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